FULMINADOS MARYBEL Y PECH EN EL JUEGO DEL CALAMAR// El Mirador por Kisky Hiyozo

 

Kisky Hiyozo

«Obedecer o decidir», fue el dilema.

¿Obedecer la línea marcada por quienes toman las definiciones partidistas o rebelarse y votar por el beneficio de la gente?

Los senadores de Morena, José Luis Pech y Marybel Villegas (ambos pescadores de la máxima candidatura estatal) se enfrentaron a esta disyuntiva, les quemó la papa caliente y se decantaron por seguir la línea partidista, cuadrarse ante el gobierno lopezobradorista, pateando así su suerte y, sobre todo, la suerte del sur de Quintana Roo. Decidieron mal y hoy, para muchos, han quedado eliminados en «El Juego del Calamar”

Dicen que ambos son tildados de “Traidores” en la capital del estado.

Y es que en la Cámara Alta, se sometió a votación si deberá o no bajarse el IVA en Chetumal al 8%, y los legisladores morenistas (Pech y Villegas) prefirieron faltar a la sesión, no meterse en broncas con su majestad macuspano y tratar de seguir con vida en esta carrera por la gubernatura, sin darse cuenta que, con ello, ambos se pusieron la soga al cuello.

Lo de Pech saldría sobrando, sus escuetas posibilidades se han convertido en casi nulas, no tenía nada qué perder. Pero llama la atención la decisión tomada por Marybel. Y llama la atención porque ella sabe que la puerta abierta no es la de Morena, sino una pintada de naranja.

Para ambos las posibilidades de postularse por Morena se han desvanecido, nunca fueron reales, nunca existieron, pues. Esa candidatura ya está apartada, tiene perfume de mujer, y ambos lo saben.

Si acaso la decisión de Pech se pudiera entender, al estar esperanzado en un milagro, en uno de esos “hendricksazos” en los que por azares del destino lo lleven a la anhelada y lejanísima candidatura.

Pero ¿por qué Marybel que la tiene (o tenía) segura con Movimiento Ciudadano? ¿Para qué seguir la línea de Palacio Nacional, de un partido que ya no le ofrece nada?

Como sea, ambos patearon su suerte y hoy son estigmatizados en Chetumal, en donde ya son vistos con recelo, con un gran sello en la frente: “Traidor”.

Y el chetumaleño –créalo- es de los que no perdonan (léase Raymundo King).

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